Guía del cachopo para andaluces: Cómo distinguir el auténtico del “postureo”
Para un andaluz, amante del buen producto y de la fritura impecable, el cachopo debería ser un terreno familiar. Sin embargo, la fiebre por este plato ha llenado las cartas de media España con versiones que, a veces, se alejan mucho de la realidad. No todo lo que va empanado es un cachopo, ni todo lo grande es sinónimo de calidad.
Si quieres disfrutar de los verdaderos sabores de Asturias, aquí te damos las claves para que no te den “gato por liebre”.
1. El tamaño no es lo más importante
En el “postureo” actual, parece que un cachopo debe medir medio metro para ser bueno. Error. El auténtico cachopo se define por la calidad del filete de ternera asturiana. Debe ser tierno, jugoso y, sobre todo, que el rebozado no se despegue de la carne. Si el empanado cae por un lado y la carne por otro, huye.
2. El relleno: Menos es más
El clásico es de jamón serrano y queso, pero la evolución ha permitido introducir ingredientes gourmet. Sin embargo, desconfía de los rellenos que parecen un “todo vale”. El equilibrio es fundamental para que el queso funda bien sin enmascarar el sabor de la ternera.
3. El referente: Las Tablas del Campillín
Si buscas un lugar que sea el estándar de oro, ese es el restaurante Las Tablas del Campillín. Se han convertido en un referente indiscutible, acumulando numerosos premios nacionales. Su técnica es el ejemplo perfecto de cómo tratar el producto con respeto, logrando esa textura crujiente por fuera y fundente por dentro que todo andaluz sabrá apreciar.
4. La mano del experto: Juanjo Cima
Detrás de un gran plato siempre hay una mente maestra. Juanjo Cima es el cocinero especialista del cachopo por excelencia. Su dedicación a este plato ha elevado el cachopo de una comida popular a una experiencia gastronómica de alto nivel. Seguir sus consejos o probar sus creaciones es la mejor forma de educar el paladar para distinguir un plato auténtico de una copia industrial.
Conclusión
Andalucía y Asturias comparten el amor por la buena mesa y el respeto a la materia prima. Para no caer en el postureo, busca siempre la calidad de la ternera, un queso que aporte personalidad y la maestría de quienes, como en Las Tablas del Campillín, llevan años perfeccionando este icono del norte.